Introducción

PRESENTACIÓN DEL LIBRO UNIVERSOS: ¿LOS ROSTROS DE DIOS?

Desde que el ser humano traspasa el umbral de la conciencia inicia una aventura consistente en buscar una explicación a su contorno y de sí mismo. Las primeras respuestas le pertenecen, por entero a los primeros seres humanos que experimentaron el franqueo de esa puerta del conocimiento, porque nada : ni las primeras preguntas, ni las primeras respuestas y mucho menos la emoción que las acompañaba, son accesibles a ninguna investigación. A lo más que podemos llegar tantos milenios después-y sin saber hasta dónde se remontan en el tiempo- es a inferir pobremente algunas de las consecuencias de tales inquietudes, así como a reiterarlas, pero ya en un contexto tan diferente que no es posible trasvasar unas y otras experiencias vitales trascendentes.

Tales inquietudes, sin embargo, dan nacimiento a un forcejeo entre "natura" (lo dado) y "cultura" (lo explicado), que nunca habrá de abandonar al ser humano, de tal forma que el conocimiento actual es heredero de esas primigenias indagaciones. En algunos casos las respuestas deben inferirse de testimonios históricos que en cierta medida facilitan el trabajo de búsqueda, pero también lo enmascaran y lo distorsionan grandemente, cuando la mente moderna debe "reinterpretar" las primeras explicaciones sin la compañía del temor, el asombro- y obviamente - de la reverencia hacia lo desconocido . En torno a esta ultima situación cabe señalar que los científicos agnósticos suelen mofarse del nacimiento de las concepciones religiosas confundiéndolas –quizá sin razón o sin ella-nunca lo sabremos, con el asombro humano ante lo desconocido inmediato.

Si se hace una sobre simplificación se puede afirmar que las respuestas primigenias pueden rastrearse en el campo de las cosmogénesis (propias de las religiones y de las filosofías) aparecidas tan pronto el pensamiento se organizó y sistematizó, en ese orden, mas tardíamente; y desde que estos esfuerzos comienzan a racionalizarse, las contestaciones se comienzan a ubicar en el campo de la ciencia, esto es de las cosmologías iniciales, pero subsisten a la par las concepciones metafísicas y religiosas que siguen manteniendo la existencia de fuerzas superiores ,no captables por nuestro entendimiento ,aunque se enseñen como “revelaciones” al ser humano. El tema-conviene no olvidarlo- es la razón fundamental del porque si el Universo es comprensible en todo-incluso en sus contradicciones para quienes tienen Fe y no es comprensible-menos cuando contiene tantas contradicciones-para quienes osamos entender tal Universo y su eventual Creador con el uso de la razón. En esta última circunstancia lo que sucede ( sea cotidiano o no, cercano o lejano) es un verdadero misterio, aunque la ciencia vaya despejando poco a poco el camino.

Las primeras explicaciones cosmogónicas, se pueden aparejar , también, al nacimiento de las primeras antropogénesis y teogénesis, mezcladas con emociones e intuiciones míticopoyéticas. Luego, al comenzar a primar la razón nacerán los esfuerzos para encontrar una explicación científica al Universo - y dentro de éste, pero ya en una época muy reciente - a un hecho clave: la evolución y complejidad de las ideas que buscan explicarlo.

La literatura de divulgación del Universo que el hombre está descubriendo modernamente se solía hacer, sin embargo, únicamente desde el campo de la historia de la astronomía, pero tal aproximación carece- porque no lo requiere- de las ideas contextuales a un descubrimiento clave, o a la generación de un cálculo, o a la aparición de una teoría. Entonces desde esa visión reduccionista se pierde la riquísima posibilidad de indagar en el contexto generador del avance del conocimiento.

Por lo contrario, la intención de esta obra es de otra naturaleza: nace de la necesidad de ubicarla en un contexto no reduccionista, sino en uno global, interdisciplinario, que permita entender ¿cómo y por qué todo evoluciona: el Universo físico, el ser humano, sus ideas, y hasta el concepto de Dios : el de los teólogos, el de los filósofos, el de la sociedad y el personal incluso.

El mérito de esta obra, si alguno tiene, ha sido un esfuerzo personal para tratar de entender primero, para comunicar luego los esfuerzos de la humanidad para insertarse y explicar el Universo. Por tal razón se ha procurado ubicar los momentos más conspicuos que van constituyendo los hitos en el conocimiento cosmológico y documentado las transformaciones que se van operando primero con lentitud, luego con más y más rapidez, hasta llegar a la época actual en que la velocidad en la aparición de descubrimientos, ideas, teorías y por ende la información resultante, sobrepasan cualquier intento personal de “estar al día”.

Por las razones expuestas, a la par de seguir la trayectoria del esfuerzo cosmológico - que es el núcleo de la obra - se ha procurado recoger también explicaciones metafísicas elaboradas desde diversas perspectivas cosmogónicas: religión, filosofía, mitología y aún algunos intentos desde la perspectiva del arte literario, por constituir todos rastros de los Universos imaginados por el ser humano para descifrar los rostros de la Creación. El lector podrá, entonces, en ese contexto más amplio, hacer comparaciones, refinar sus concepciones y -aún más importante- sacar sus propias conclusiones.

El esfuerzo de completar esta obra se ha visto postergado en varias oportunidades pero se recompensa con la oportunidad de aclarar y enriquecer ideas iniciales y con él logra apuntalar una fe vacilante, no por la vía de abrazar un dogma con la mente cerrada, sino la de ir descubriendo racionalmente que si se sabe buscar los rastros de Dios, no se llega, ciertamente, a conocer su rostro, pero si a intuirlo en el proceso evolutivo.

Una advertencia es necesaria: para entender la cosmología - al menos desde la perspectiva holística, que no es la del especialista, ha sido necesario incluir - aunque con menor rigor - una cronología de acontecimientos en otras disciplinas del conocimiento, que es uno, pero que el ser humano ha ido parcelando, creándole su propia dinámica y lenguaje; su hermenéutica y reglas epistemológicas - y porque no, también - matizándolas con sus subjetividades cambiantes.

Otras explicaciones previas son importantes como guía al lector: por deformación profesional suelo tomar textos y separar y numerar sus principales ideas para analizarlas con facilidad. En algunas partes de esta obra he empleado el mismo procedimiento al estimar que mucho concepto y gran cantidad de información que proviene de fuentes muy diversas, es más fácil aprehenderla si se la muestra de esa manera, aunque con ello se sacrifique el gusto estético de algunas personas.

Para el lector que apenas se inicia en estos temas la recomendación es una lectura secuencial, porque permite entender cómo evoluciona el pensamiento en torno a las explicaciones del Universo; por lo contrario quien esté avanzado en este tema puede saltarse los capítulos que ya domine. Y si algún lector después de hojear el libro, encuentra que ya todo lo sabía, evidentemente esta obra no es para él. Formalmente el trabajo se divide en dos partes.

Primera parte:
a) reseña las elaboraciones que pergeñó el ser humano desde la prehistoria hasta culminar con el Sistema Newtoniano y los prolegómenos de inquietudes astronómicas que culminan con la Cosmología Relativista de principios de siglo XX .
b) muestra como se elaboran los modelos cosmológicos dentro de la Teoría de la Gran Explosión y- a raíz de los debates en torno al modelo estándar (Standard Model) resultante- se incluyen nuevas ideas y comprobaciones empíricas que refuerzan o debilitan los modelos del Big Bang hasta inicios de 1998.
c) incluye varios anexos que inciden en especificidades que refuerzan los planteamientos de la primera parte.

Segunda parte :
a) busca una conciliación entre las distintas formas de conocimiento que se concretan en teorías, explicaciones y modelos científicos (Cosmología), y algunos intentos más especulativos (Cosmogonías) que impulsan al hombre a buscar una contestación precisa a preguntas, que la ciencia no puede aportar.
b) incluye material que reseña los principales intentos de explicación cosmogónica, desde los albores de la Humanidad hasta inicios de 1998, y los criterios personales de varios de los más destacados cosmólogos y otros científicos relacionados con esta materia.
c) incluye varios anexos que que refuerzan los planteamientos de la segunda parte.

En ambas partes de la obra, dado que el tema del origen del Universo suele ser la línea divisoria más que la superficie de contacto entre la Ciencia y la Fe, la “objetividad” que trate de poner el autor no necesariamente se compagina con la “objetividad” con la cual se aborda la lectura de la obra, por lo tanto y para obviar - dentro de lo posible - tergiversaciones o malos entendidos en aspectos muy controversiales, y para guiar al lector a obtener sus propias conclusiones acerca de la verdad, se ha procurado recurrir a varias fuentes antes de incluir un planteamiento. Ello - aunque más laborioso - permite tener parámetros más amplios que si se recurre a un solo autor o a una sola escuela de pensamiento.

También este trabajo está estructurado por capítulos que pueden ser leídos como si fuesen “compartimentos estancos”, ya que da cuenta de cuáles son las principales ideas que predominan en el período bajo examen. Esto posibilita al lector la aprehensión de cambios importantes y en el afán de conservar esta línea se ha recurrido a material bibliográfico correspondiente o referido a cada época examinada; y solamente en casos muy específicos se adelantan criterios que correspondan a épocas futuras.

Dado que en cosmología, como en toda disciplina, hay énfasis, especializaciones y preferencias, en este trabajo se refleja el interés sobre una parte de la cosmología: aquella que se refiere, específicamente al origen y al destino del Universo, por lo que las referencias a la evolución y estructura de la materia entre estos dos acontecimientos opuestos son apenas las necesarias para mantener el hilo conductor.

En cierta ocasión Einstein afirmó que la “religión sin la ciencia es ciega y que la ciencia sin religión es coja”. El autor participa en un todo con ese pensamiento sintético y por lo tanto hay una intencionalidad de fondo en la obra por lo cual - de antemano - pedimos la indulgencia de quienes piensan diferente sea porque aceptan únicamente explicaciones desde el estrecho ángulo fisicalista de la ciencia, o desde la perspectiva incompleta de posiciones religiosas ancladas en lecturas fundamentalistas.
Creemos que el rechazo ad-portas por parte de los científicos agnósticos de complementaciones derivadas de la concatenación de factores igualmente científicos que permiten intuir la existencia de un ordenamiento superior en el Universo, es una posición de autosuficiencia. E igualmente creemos que la posición cerrada de quienes estiman que toda la explicación del Universo se encuentra en las Sagradas Escrituras, sin admitir ninguna otra explicación no es una adecuada lectura de la vida.

Teniendo presente las advertencias indicadas, conviene, antes de entrar al cuerpo principal del texto, introducir algunas reflexiones acerca de las interrogantes perennes del espíritu humano y el sentido de las respuestas que han sido elaboradas para satisfacer sus exigentes contenidos. A juicio del científico francés Jean Charon el conjunto de respuestas formuladas en una época determinada a las preguntas sobre la existencia o no de Dios, el origen y el destino del Universo, o bien el alcance del conocimiento, es lo que constituye aquello que podríamos llamar a priori y sin ninguna duda:" la Cosmología de esa época ", es decir lo que el hombre, en el estadio evolutivo del contexto global y específico en que se sitúa, se siente inclinado a afirmar objetivamente del Cosmos en lo que intuye como totalidad: tanto en lo que denomina “espacio” como lo que califica como “tiempo”.

La mayoría de las escuelas científicas afirman que el conocimiento científico se constituiría de modo objetivo, es decir como una descripción de la naturaleza y de sus mecanismos, en las que la personalidad del hombre nunca interferirá con el lenguaje racional de la ciencia. Pero, dado que la ciencia no está hecha por la ciencia sino por los hombres, cuando nos acercamos a los problemas límites que constituyen la frontera misma del conocimiento del momento, entonces se nota hasta qué punto el ser humano, con su psicología personal se involucra con las explicaciones científicas de los fenómenos observados y guía el lenguaje de su descripción hacia la interpelación que atraiga su sentimiento y no solo su razón.

De allí que para Charon: “Examinar las diferentes Cosmologías que se han sucedido en el pensamiento humano es como estudiar la aventura humana entera, con un conocimiento que se ha edificado tanto sobre la metafísica como sobre la física”. Y aunque es innegable que el conocimiento humano progresa sin cesar en el transcurso del tiempo; ... en esta progresión continua que es el conocimiento del Cosmos en su conjunto no ha habido una línea central, sino modificaciones abruptas, como si se tratara de "fracturas" debidas a un verdadero cambio que ha dado lugar a la modificación total de conceptos básicos, así como en sus métodos y sus lenguajes”.

El Profesor de Historia de la Ciencia de la Universidad de París, Pierre Thuiller, al analizar esa afirmación, señala que: “...hoy son muchos los historiadores de la ciencia que afirman que ésta es autónoma puesto que las teorizaciones y las experimentaciones auténticas se inscriben dentro de una evolución propia y obedecen a una especie de lógica interna...(de ahí que) es inútil o poco fecundo tratar de poner al día las raíces o las bases socioculturales del saber científico.”

Sin embargo cabe destacar que si bien algunos autores distinguen entre imágenes y conceptos para demostrar que la ciencia auténtica es teórica - y es imposible que tenga relación con personas que recurrían a imágenes y discursos “inferiores” del lenguaje ,lo cierto es que no es evidente que la discontinuidad entre los niveles cognoscitivos tenga tanta separación pues, como lo han hecho observar los psicólogos, los antropólogos y los lingüistas las imágenes están en todas partes: como “arquetipos” según el psicólogo alemán Carl Jung y su escuela o como “constantes universales”, a criterio del antropólogo francés Claude Lévi - Strauss, o bien como un "protolenguaje",según afirmaciones del psicolingüista ruso-norteamericano Noam Chomsky.

Al respecto, Thuiller mismo resalta la íntima colaboración que existe entre el científico y el medio en que éste se desenvuelve y trae a colación la idea que la ciencia moderna sólo logra desarrollarse gracias a la “geometrización de espacio” y de la “reestructuración de la percepción del tiempo”, logrados por la simbiosis de los inventos de las prácticas y las abstracciones de los científicos que posibilitan la aparición de nuevas máquinas, de nuevas estructuras económicas y de una nueva mentalidad más realista”, que a su vez impactan la psicología y la lógica.

El lector -al final de la obra tendrá más elementos de juicio para elaborar sus propias deducciones al respecto, porque este es un punto medular en la teoría del conocimiento y su evolución.

COSMOLOGÍA – COSMOGONÍA.- Hay algunos conceptos que se utilizan indistintamente. Aquí (pese a que los astrónomos no lo utilicen así), distinguiremos el término cosmológico como un producto sujeto a las condiciones científicas privativas de la física , de la astronomía (una de sus ramas) y de la cosmología ( una de sus especializaciones). El término cosmogonía, será un concepto más vasto: una ideación metafísica propia de la filosofía, la religión, la literatura, y aún de la propia astronomía. Por tanto la cosmología la entenderemos sujeta a condicionamientos muy exigentes y por cosmogonía entenderemos una concepción más libre, tanto intrínseca como extrínseca y aunque provenga de la ciencia.

La cosmología es un planteamiento científico, abordable desde la física, o desde la matemática, que da respuesta a los problemas del origen y la evolución de las estructuras del Universo, por medio de modelos o “constructos” físico-matemáticos. La cosmogonía, va más allá, bien por deducción previa o extrapolación posterior, resumiendo al pensamiento sin que necesariamente éste se asiente en comprobaciones físicas con fundamento científico o basamento matemático.

Al inicio la Humanidad parece ser que se plantea los problemas del Universo desde el ángulo ideo-cosmogónico; es decir, sin fundamentarlo en comprobaciones físicas, sino más bien en intuiciones instintivas quizá y de corte mítico pero siendo ésta una forma de conocimiento válida para el contorno cognoscitivo, no debe despreciarse a priori porque en ella se asienta una emoción vital, profunda que acompaña el desarrollo humano y que al faltar se torna lógico -ciertamente- pero árido emocionalmente, lo que-paradójicamente -compromete el raciocinio.

La Cosmología - y por ende el enfoque científico - funciona sobre la base de elaboración de modelos conceptuales formulados en lenguaje físico o en lenguaje lógico o en lenguaje matemático. Pero como el Universo es muy complejo y contiene muchos factores no bien conocidos; otros dudosos y aún muchos plenamente desconocidos, a lo más que pueden aspirar los modelos es a ser aproximaciones conceptuales, meramente descripciones esquemáticas y aproximadas de los rasgos más sobresalientes de ese Universo físico, o más propiamente a la descripción y cuantificación de sus fenómenos discernibles.

Pero tanto la cosmogonía como la cosmología y sus productos son una representación del orden visible del Universo, cuya caracterización como Cosmos es el significado de la palabra orden (en griego), como contraposición a Caos (o desorden) y en ambas aproximaciones del conocimiento, la Cosmogonía y la Cosmología recurren a captar, definir y extrapolar explicaciones de fenómenos intuidos u observados que requieren una explicación lógicamente compatible con lo conocido.

Cuando en el campo cosmológico - rasgo de la ciencia que no comparte la cosmogonía -no hay compatibilidad con la corriente general del conocimiento científico, la teoría - por mérito propio - es admisible aunque pueda contradecir rasgos específicos de otras teorías ya aceptadas. Esta particularidad de los caminos de la ciencia permiten a quienes formulan modelos predecir nuevos temas para la observación, que si resultan tal y como fueron predichos, dan más fuerza a la teoría, para dar paso a las leyes científicas.

Sin embargo, para las teorías cosmológicas que cobran fuerza en la verificación de las explicaciones - por muy concluyentes que estas sean - ello no es una verificación ipso - facto de la teoría misma y mucho menos autoriza a pasar de la explicación a la predicción. Cada verificación de la predicción salva únicamente la teoría por el momento, hasta ser puesta a prueba de nuevo.

Así, una teoría de gran poder explicativo será aquella que parezca esencialmente improbable y es “falseable” - refiere Karl Popper - y aunque esto suena a paradoja en realidad se trata de dar a entender que una teoría tal es difícil de formular. Y debe advertirse por esta vía; que se debe estar en contra del empirismo optimista, dado que la verdad está siempre muy lejos de ser manifiesta y por lo tanto es difícil llegar a ella.

En cosmología la paternidad de los conceptos suele ser atribuida, en muchos casos, a quien sabe formularlos de la manera adecuada y en el momento preciso; así, a modo de ejemplo, el importante “principio cosmológico” que se asocia a Albert Einstein, en realidad se debe a Robert Milne; aunque su primera formulación la hizo Nicolás de Cusa, quien a su vez la toma de Parménides (último a quien el rastreo permite atribuírselo) y dice esencialmente, en su expresión moderna, que: “a gran escala el Universo presenta el mismo aspecto por doquier”.

Este principio entra en la categoría de lo que Popper denomina “una proposición irrefutable” y constituye una base sobre la cual se trabaja en confianza, pues de lo contrario no sería posible hacer ciencia cosmológica, en virtud de las características, tan esencialmente lejanas - y por ende difíciles - de la materia con la cual trabaja el cosmólogo.

En el campo cosmológico hay también reglas del juego que deben ser observadas para que las concepciones debidas a la especulación tengan rigor formalista. Sin embargo se requiere tener precaución acerca de varios aspectos que se enumeran a continuación:

a) El problema de la existencia y origen del Universo no es fácil de abordar con objetividad, porque tiene hondas raíces mitológicas, se mezclan tradiciones conceptuales a veces muy radicales o disímiles y la elaboración de modelos cosmológicos no puede substraerse - aunque el cosmólogo jure no hacerlo - al entorno cultural que condiciona sus planteamientos.
b) El pensamiento humano no ha sido igual en todas las épocas. En cada circunstancia debe tomarse en cuenta que la estructura y la lógica del razonamiento de los griegos, los árabes, los europeos medioevales, los hombres del siglo XVII, han hecho planteamientos diferentes que no pueden extrapolarse hacia atrás o hacia adelante, porque es iluso y erróneo tratar de pasar de un “Universo de pensamiento” a otro, por las simples “correspondencias lingüísticas” lógica entre términos cuyo significado es culturalmente diferente.
c) Los trasvasamientos de ideas de un pensador a otro; de una cultura a otra; de una generación a otra, conllevan, necesariamente, cambios importantes en la interpretación, bien porque se da preferencia a algunos aspectos en demérito de otros; o porque se toma en consideración solo lo que refuerza un planteamiento que subjetivamente interesa; porque no se entiende el contexto en que se ha elaborado un concepto; y también porque, a priori, se tiene una mala opinión o existe un prejuicio hacia una idea, un autor o una doctrina de pensamiento.

Los datos empíricos sobre los que se plantea una hipótesis, suelen cambiar por el avance de la ciencia; el mejoramiento de la tecnología; por el cambio de contexto, por lo que generalmente no tiene sentido comparar en términos igualitarios ideas pertenecientes a otras épocas en la que una nueva información simplemente no estaba disponible.

La reconstrucción de ideas de los filósofos y astrónomos antiguos suelen tropezar con el problema específico de que muchas obras se perdieron para siempre y debe recurrirse bien a fragmentos de éstas o a referencias de segunda o tercera mano, y no siempre las traducciones reflejan con exactitud lo que un pensador quiso expresar, toda vez que, si se hace la traducción con exactitud los escritos pueden pecar de parquedad e inexactitud y si se busca la claridad, la traducción peca de libre y será entonces una aproximación, que no se corresponde con la idea original.

La perspectiva de la fidelidad histórica es un problema siempre presente en la inserción de ideas que no sean las propias, bien porque hay necesidad de repetir como un hecho cierto lo que otros apenas han creído interpretar como plausible, o porque no se comprende un concepto y se incluye con errores de apreciación.

Los lógicos distinguen en el proceso de transmisión de ideas cinco modalidades:
a. Explicación lineal;
b. Explicación hiperbólica;
c. Explicación en detalle;
d. Explicación analógica;
e. Explicación oculta. 

Esto significa que temas que se toman de obras de consulta muy diversas, tengan que unir diferentes abordajes, lo que da como resultado comparaciones entre textos cuyos tratamientos lógicos son diferentes.

En el desarrollo de esta obra se ha tomado muy en cuenta los razonamientos anteriores. En cosmología, sin embargo, como sucede en todo campo de la ciencia, planteamientos en un área que pasan desapercibidos en una época determinada, luego son retomados para adscribirse a teorías más modernas que pasan a oficializarse, una vez aceptadas por la mayoría de la comunidad de los físicos y astrónomos. Esa particularidad del avance científico plantea, en consecuencia, otro problema para una cronología que se requiera fundamentar en un desarrollo sincrónico.

Las ideas que sirven para conformar planteamientos cosmogónicos se pueden fundamentar en mitos que por definición propia tienen una paternidad colectiva y rara vez personal; o sea el resultado de construcciones cuyo substrato primario son las "verdades reveladas" de las creencias religiosas. En ambos casos los mitólogos -como Mircea Eliade- les conceden la patente de "verdades psicológicas", cuyo origen universalista (no importando ni el lenguaje, ni las imágenes) con las que se construyen, son un fuerte indicio para darles credibilidad.

Por supuesto que la credibilidad es un aspecto extrínseco y la mentalidad moderna tiende a rechazar las imágenes primitivas que acompañan a todo "modelo creacionista". Aquí opera entonces una situación de ambivalencia de orden psicológico- cultural, sobre la cual, por ahora, no nos extenderemos.

JERARQUÍA DEL CONOCIMIENTO.- Para la elaboración de modelos cosmológicos, no obstante su gran diversidad física el Universo físico ( o material) observable presenta un número de características generales que requieren agruparse, sistematizarse y jerarquizarse pasando a ser el substrato sobre el cual se pueden hacer afirmaciones físico-matemáticas sujetas a la comprobación empírica y a la reformulación teórica.

Su mención en esta parte de la obra tiene como objeto señalar de manera somera los principales parámetros dentro de los cuales se mueve el contenido de este trabajo, advirtiendo que no volveremos sobre estos temas-salvo cuando fuese necesario-porque el avance de la cosmología, no es rectilíneo ni mucho menos, es incluso paradójico ( en el sentido de que va hacia delante, vuelve hacia atrás y examina e imagina soluciones que luego son desechadas o bien fuertemente mantenidas, sin que exista para todo ese movimiento intrínseco (y también extrínseco porque no hay ciencia neutra ) mas explicación ( la asumimos como propia ) de que es el “avance de la ciencia” lo que determina que así sea:

1.-Materia y Energía.- La materia (una forma de expresión de la energía) no está distribuida al azar y por el contrario se encuentra distribuida desde la pequeña hasta la gran escala, en “entidad de jerarquías”:

a) Esta materia puede obedecer a un número pequeño de leyes físicas que pueden ser expresadas, a su vez, por una serie de leyes físicas unificadas (algunas logradas, otras en proceso). Cada parte del Universo parece ejercer influencia directa en el resto del Universo, y ser, al mismo tiempo influido por el resto del Universo.

b) Respecto a la materia o a la energía(como conceptos intercambiables), la mente debe enfrentarse a un doble fenómeno: la descripción aparentemente sencilla del Universo analizada a gran escala, y la descripción más y más compleja conforme se hace la descripción a escalas cada vez menores. Esto acarrea como consecuencia una aparente paradoja, que suele conducir al error de confundir una descripción con la esencia de lo descrito, con el agravante que, detrás de toda descripción subyace una filosofía científica.

c) La filosofía que subyace detrás de la ciencia es la concepción griega de fuerza de interacción, esto es la transferencia de energía entre cuerpos, sean estos núcleos atómicos, objetos cotidianos, el cuerpo humano, planetas, estrellas, galaxias, supercúmulos galácticos.

d) Cada modelo de representación del Universo - sin importar su escala, es, entonces representaciones de campos de fuerza y por consiguiente de distribución de masas y la mente occidental - que ha influenciado la ciencia tiene para conformarla a su concepción de la lógica - gran dificultad para concebir otras ideas que no sean variaciones sobre este eje central de explicaciones.

e) A contrario de la elaboración de modelos cosmológicos, cuando se entra en el ámbito de las ideas cosmogónicas existe gran libertad para imaginar planos de existencia físicos y no físicos, tanto en lo que se refiere al espacio como en el tiempo, así como a sus dimensiones constitutivas. Piénsese, por ejemplo, en la eventual existencia de "mundos espirituales", no sujetos a ninguna coordenada ni a leyes físicas de naturaleza conocida.

f) De esta situación de asimetría en el tratamiento formalista se deriva, precisamente el problema de la relación entre el discurso científico y el discurso fideista, siendo aconsejable no utilizar para el campo cosmológico la descripción semántica, que no es rigurosa, así como tampoco la formulación matemática para la cosmogonía ,por ser imposible encuadrar sus aseveraciones en ese formulismo rigorista.

g) De lo anterior se desprende que, si para el análisis de un escrito físico-matemático se requiere una preparación especial plena de pasos previamente concatenados entre si ; para comprender la descripción de un escrito que contiene planteos cosmogónicos ,es preciso conocer el contexto psicológico-cultural que le da origen. Ambos son- en síntesis- formas de conocimiento que pertenecen a órdenes distintos del pensamiento que no son mutuamente intercambiables.

2.-Espacio y Extensión.- El concepto de espacialidad que se suele atribuir al Universo obliga inmediatamente a pensar en la noción que se refiere al concepto infinito y este conlleva -a su vez- el concepto de extensión y sus consecuencias:

a) ¿Es limitado el Universo? También aquí la concepción de la infinitud, por la dificultad de concebirla, hace surgir la necesidad de concebir el Universo como “finito” como limitado por algo; o bien - difícil tarea - a concebirlo como “ilimitado”. Si se parte de la hipótesis de que el Universo está formado por dos entidades infinitas-: ”espacio” y “materia” o, si se quiere, “vacío” y “materia”, entonces la mente vuelve a encerrarse en el problema de los orígenes y de los límites .
b) Si se admite que a un cierto punto del espacio no existen cuerpos materiales, astros, soles, galaxias, cúmulos de cúmulos de galaxias o cualquier otro cuerpo o agrupación de cuerpos celestes de materia conocida o aún de la llamada “materia oscura”, ¿se puede por eso decir que en aquel punto termina el espacio porque no hay más materia?.

Evidentemente esto obliga a la mente a pensar que no, ya que aún sin materia el espacio no tiene -necesariamente- que interrumpir su propia continuidad.
La mente moderna ha heredado el “horror al vacío”, que es una constante en los primeros pensadores griegos. Sobre el particular el especialista en filosofía de la Antigüedad, el español José Antonio Míguez expresa que la inexistencia del vacío es algo así como un lugar común en los autores griegos.

Dice Sócrates en el Teeteto de Platón: ...“he echado en olvido, que otros hombres les han dicho todo lo contrario, por ejemplo, que “Inmóvil es el nombre para todo en su plenitud” y todas esas otras afirmaciones que les oponen Meliso y Parménides, sosteniendo con toda fuerza que: “todo lo que existe es uno y que permanece inmóvil en si mismo, sin que encuentre lugar alguno a dónde moverse”... He aquí la afirmación que, en efecto, sostendrá Meliso, uno de los tres filósofos eleáticos que considera el vacío como mero no - ser o como nada: “El ser no se mueve porque al no existir el vacío no tiene realmente a dónde dirigirse.” Toda vez que: “La plenitud del ser es indudable consecuencia de la falta del vacío. Al no tener que buscar nada fuera de sí, el ser se aparece pleno y perfecto".

c) Y si existiese una barrera... ¿cuál podría ser el espesor de esa barrera?. Se puede pensar igualmente en la posibilidad de que una barrera es infinita y por lo tanto, más allá de ella, la posibilidad de un espacio limitado e infinito, o limitado y finito, y así sucesivamente, ya que aún cuando millones de barreras lo limitasen en todos sentidos, más allá de cada una de ellas cabría la posibilidad de pensar siempre en un espacio finito.

d) La dificultad de concebir mentalmente que el espacio continúa hacia el infinito depende, por lo menos hasta hoy, de la estructura y el uso de la mente y de nuestra capacidad de expresión: el lenguaje. Y no es fácil la concepción de lo que se considere finito, pues precisamente con la mente se inicia y se acaba científicamente a su vez, el concepto de tiempo, salvo que se recurra a procedimientos que por no ser ortodoxos en Occidente, tampoco forman parte del arsenal instrumental científico utilizado en la construcción de modelos cosmológicos.

Expresado de manera más convencional: la única barrera que contendría el acceso al conocimiento y comprensión del Universo es la barrera de la mente apoyada en la razón, mediante las fórmulas convencionales de la lógica occidental, salvo que el hombre use otros medios, como aconsejan quienes se aproximan al conocimiento del Universo desde otras perspectivas no avaladas por la comunidad científica ortodoxa; o bien que pueda utilizar los nuevos avances de la simulación tridimensional y de la denominada "realidad virtual" hoy día tan cercanas a quienes “navegan” en los espacios cibernéticos de los ordenadores electrónicos.

3.-Tiempo y Eternidad.- Para la mente racional occidental el concepto “eternidad” es un sustantivo que implica la idea de “tiempo”, y éste es, a su vez, un factor convencional que sirve para "ubicarse" entre dos puntos de un recorrido finito; pero el término eternidad es difícil ubicarlo :

La eternidad en la práctica es confundida y pensada por el contrario como "infinita" y sin ninguna relación, entonces, con nuestro “tiempo” convencional porque ha existido siempre y por lo tanto continuará existiendo por siempre, ya que lo que no ha tenido comienzo, por deducción no deberá tener fin; pero no hay parámetros para ubicarla.

Este concepto obliga a la mente a concebir algo que no tiene comienzo ni fin, acostumbrada como está a pensar siempre en términos de nacimiento y muerte, de juventud y de vejez, de antes y después, esto es de "recorridos espaciales". Querer entender algo, en esta dimensión; sin embargo, obliga a educar la mente para que pueda concebir la eternidad en función de “siempre existencia” (concepto científico) o de “creación eterna” (concepto teológico), ambos referentes externos a su propia conciencia de existencia.

El concepto científico de existencia "desde siempre" es tan abstracto que solo podría representarse mentalmente mediante una configuración topológica (espacial), que si bien tiene expresiones matemáticas definidas modernamente,, sus fórmulas no pueden "visualizarse" mentalmente.
En caso de una salida teológica : la eternidad del “Universo Creado”, conlleva de arrastre imaginar necesariamente también el ente creador o “Causa Primaria” del Universo, a lo que denominamos Dios y atribuimos características de Sabio, Perfecto, Omnisciente, Justo, Verdadero, Absoluto, Arquitecto Supremo, entre otros adjetivos substantivados con los cuales las limitaciones de nuestro léxico trata de definir lo indefinible.

Para algunos teólogos puristas lo mismo da que los atributos divinos sean los anteriores, o que se utilice - sin restricciones - los antónimos ( no importa cuán faltos de respeto puedan parecer), toda vez que - arguyen los defensores de la tesis llamada “catafásica” - estando Dios fuera del Universo (en espacio y en tiempo) y no pudiendo ser objeto de percepción sensible ningún atributo antropológico le es encajable, por lo que es igual endosarle un atributo que le alaba o bien uno que no lo hace. Por supuesto que dentro de todas las culturas humanas tal posición no es admisible , pues lo lógico es usar adjetivos positivos y superlativos para referirse al ente superior .

4.-Universo y Mente.- Las categorías anteriores nos introducen al problema de la mente: El Universo existe porque la mente humana es la que lo percibe, aún cuando sea incompleta e imperfectamente. El Universo es pues la idea que de él se forma el pensamiento. Más, si el Universo no existiese realmente, la mente no podría percibirlo y por lo tanto concebirlo y hacerse una idea de ello. Para la ciencia cosmológica , es necesario admitir -a priori- que el Universo existe materialmente y que es un “hecho real”. Si el Universo es un hecho real que existe materialmente, aún cuando la mente que lo percibe y lo transforma en idea representativa no existiese, éste Universo continuaría existiendo, por su misma naturaleza, e independientemente de ella, y con estas consecuencias:

a) Generalmente se admite como hipótesis que el Universo es un hecho en sí, existan o no mentes inteligentes capaces de concebirlo y observarlo. Aunque la mente humana sea sobre la Tierra, un fenómeno accidental, quizá transitorio, pero en todo caso susceptible de evolución hacia una mayor perfectividad, ayuda a comprender mejor éste hecho, acerca del cual el hombre ha debatido si el Universo es temporal o eterno, creado o increado, y si es estático o dinámico y por lo tanto evoluciona con el tiempo.
b) Aunque en las civilizaciones antiguas y en las prácticas hindúes y chinas que la preservaron y extendieron, la mente se expande por sintonía con el Universo para captar por otro medio la presencia de las fuerzas y la energía del Cosmos, lo cierto del caso es que en Occidente éstos métodos no se reputan como científicos - aún - y no es sino hasta muy recientemente que las agencias espaciales NASA e Intersputnik comenzaron a hacer experiencias en E.S.P. (Percepción Extra Sensorial) pero tales procedimientos no son del todo de dominio público aún, ni se les acepta en los círculos académicos ortodoxos.
c) Por otra parte, fuera del gozo personal que deparan estos métodos no pueden ser utilizados - o al menos aún se desconoce como hacerlo - para producción del conocimiento, puesto que se refieren a experiencias personales y por lo tanto no extrapolables, difícilmente comunicables, no repetibles empíricamente, con lo cual no cumplen con los requisitos usuales para facilitar el conocimiento científico ortodoxo.
d) Si a estos problemas se agrega el postulado de Kant de la "imposibilidad de que la mente humana capte la "esencia" o "el ser" de las cosas, se puede llegar a la deducción apriorística: el ser humano no puede llegar a tener conocimiento del Universo, mucho menos de condiciones que le anteceden y aun menos de su "causa eficiente" (Dios).
e) Pero esa actitud impediría el avance en el conocimiento y coartaría la evolución conciente. De allí que la búsqueda y perfección del conocimiento se continúa permanentemente, aunque sea con base en la explicación no de lo esencial, pero si de sus fenómenos mediante los cuáles se manifiesta.

5.-Evolucion.- En torno a las palabras hay siempre un problema con su significado; sobre todo cuando tienen o pueden arrastrar connotaciones que se prestan a interpretaciones. Así sucede con el concepto evolución:

a) Para la definición enciclopédica puede ser o un término restringido a las tesis biológicas, también llamadas transformistas o darwinistas (no sin cierto error), o de una concepción filosófico-metafísica amplia que incluye el Universo físico y todo lo que este contiene: la naturaleza, el ser humano, sus creaciones, sus creencias, su mente, incluso su psicología y su moral. Y por consecuencia esto crea dos posibilidades: que tal evolución sea el resultado de fuerzas ciegas o bien de un plan preconcebido por un Ser Superior ( que llamamos usualmente Dios) , o en una situación intermedia: el resultado del juego de ciertas "super leyes", e incluso de la ausencia total de regulaciones y es por tanto el “azar” o la “ necesidad” las que ponen las no-reglas del juego que resultan, por ello ,justamente en ser : las reglas del juego.

b) Decir a priori que el lector debe circunscribirse solo a alguna, de las varias posibilidades no sería justo, pero si es posible afirmar que hay un innegable ascenso en el proceso evolutivo, sea este el resultado exclusivo del azar y la necesidad, como planteara el biólogo francés Jacques Monod en su célebre obra del mismo nombre o sea este el resultado determinista de un plan divino como creían firmemente los “vitalistas”, como el francés Henri Bergson ; o bien si el Gran Arquitecto el (designio superior) debe recurrir necesariamente a las leyes que gobiernan el Universo ; o si mas modernamene todo es la resultante de un Diseño según Demski y otros, es un serio problema que aún no se ha dilucidado.

c) En torno a la relación cosmología y evolución al menos en Occidente- puede afirmarse que existe el compromiso con las interpretaciones y la prédica de un Dios Creador. En consecuencia: un Dios Creador que también es un Dios Salvador, son un único Dios. Y es claro que esto plantea un problema de interpretación, toda vez que el Dios pertenece a la Historia y junto a ella su imagen y su significación sufren los errores humanos de interpretación. Así como también se arrastra a Dios en las ideas, tesis, hipótesis y teorías que el ser humano construye para intentar - con toda su imperfección y flaquezas - explicaciones que sean coherentes para todas las épocas: hazaña ciertamente singular y azarosa pues requiere mantener in facto y no cambiante el concepto de Dios en un Universo sujeto todo a la evolución.

d) Por ejemplo, la Iglesia Católica definió en 1950 su posición al respecto de parte de esa evolución: la del género humano en la Encíclica “Humani Géneris” autorizada por Pío XII, y nuevamente en 1996, cuando atendiendo las razones de la Academia Pontificia de Ciencias, Juan Pablo II, acepta los planteamientos contenidos en la posición de Charles Darwin, que por lo tardío del pronunciamiento pasó desapercibido y se presta a burlas en algunos sectores. Y suscita muy pocas reacciones, (la mayoría de ellas de escaso interés), por obedecer más a reacciones y opiniones dictadas por el sentimiento, que a planteamientos de peso intelectual. Quizá la razón obedezca al hecho que las tesis de Darwin se encuentran hoy día francamente superadas por los aportes de la biología molecular, y sus consecuencias genéticas, los estudios provenientes de la socio biología y otros hechos como las tesis catastrofistas contemporáneas; así como la búsqueda de vida extraterrestre.


6.-Cerebro-Mente.- Luego de los debates sobre el fenómeno de la percepción que enfrentara a naturalistas y a filósofos durante varios siglos, un hecho cierto es que la neurofisiología moderna aún no sabe si mente y cerebro son dos formas diferentes de referirse al mismo concepto o no, lo cual plantea toda una serie de interrogantes acerca de la naturaleza de la percepción. A grosso modo se afirma que el cerebro es el recipiente (“hardware”) de la inteligencia (“software) y que ambos constituirían una unidad que el hombre denomina mente; dualidad en que la inteligencia sería la capacidad para percibir relaciones entre diferentes elementos y crear categorías para describir la realidad:

El cerebro fisiológicamente se divide en dos hemisferios: el derecho y el izquierdo lo que crea - a su vez una mente bicameral en que se distingue una actitud y proclividad hacia la seguridad y la comodidad que residiría en el hemisferio derecho y otros atributos como la eficiencia, la energía, la tendencia a concentrarse en lo abstracto, que tendrían su asiento en el hemisferio izquierdo.

También se conoce que el ser humano tuvo al inicio de su evolución un predominio de la parte “límbica” de su cerebro, asociada con el hemisferio derecho; luego por procesos evolutivos se fue desarrollado el hemisferio izquierdo para luego unirse ambos, para permitir al hombre tener una conciencia unificada que se expande gracias a los lóbulos frontales, formando el “cerebro trino”.

El cerebro tiene de entre 10 a 100 millones de neuronas con posibilidades de hacer entre 5 mil a 50 mil contactos con sus vecinas, lo que arroja un total de 100 billones de conexiones libres, flexibles, no lineales; si se agrega que hay más de 100 mil puntos de imagen en la retina de cada ojo que pueden ser procesados en apenas una décima de segundo, esto permite concluir que el cerebro es capaz de servir muy eficientemente para la acción de conocer, al menos en teoría, la materia.

Por otra parte, la materia por conocer mediante procesamientos cerebrales, a juicio de algunos, no existe si no se la observa; y si se la observa se la modifica. A juicio de otros, esa es una falacia y arguyen que la realidad (el mundo exterior) siempre está allí, se le observe o no. Independientemente de cuál tesis tenga razón, interesa por ahora resaltar el hecho que la inteligencia es la capacidad de la mente, apoyada en las funciones cerebrales, que permite percibir y medir las relaciones entre los diferentes elementos, y - a la vez - crear categorías para organizar y explicar la realidad mediante símbolos, esquemas, imágenes, ideas.

Un aspecto importante relacionado con la cosmología es que el ser humano ha creado categorías de acuerdo a su "acomodo" de la naturaleza en relación con el funcionamiento de sus sentidos, pero obviamente esa cosmovisión no es coincidente con la de otros seres biológicos cuyos sentidos acarrean información distinta o bien complementaria; por lo que todo conocimiento está sujeto a esas limitaciones intrínsecas.


7.-La Visión.- En lo que respecta a todo el conocimiento astronómico y su consecuencia: las construcciones mentales que originan la cosmología son la resultante, en primer lugar, del uso del sentido de la vista, cuyas características básicas establecen parámetros al conocimiento, sobre la base de características fisiológicas limitadas,pero gracias al ingenio humano no limitantes.

La sensitividad del espectro visible (o luminoso) cubre un rango de 400 a 800 nanómetros, y en el espectro no visible cubre un rango de frecuencia que se extiende de 1 mn. hasta 30 m. La resolución angular (lo que puede separarse) se encuentra en el orden de 1 rombo de área, esto es la capacidad de distinguir un objeto distanciado de otro 1 m. a la distancia de 3.5m. La capacidad de reducción que no es continua, sino interrumpida por la difracción es el resultado del tamaño de las células de la retina (entre 3 a 5 micrómetros) y de la limitación del índice de difracción que puede capturar de acuerdo a la apertura variable de la pupila.

Cada célula de una retina (unos 6 millones en cada ojo) puede capturar desde unos pocos fotones hasta miles de millones de fotones que la infiltran como si llegaran con intervalos de cada una décima de segundo. A las limitaciones de la sensitividad que implica dificultades para distinguir colores debe agregarse que el ojo efectúa observaciones que no son continuas, sino “barridas” cada décima de segundo. Sin embargo el cerebro corrige tales limitaciones y ofrece a la mente la impresión de imágenes perfectas, coherentes y continuas; al igual que lo hace con los olores, los sabores, las sensaciones de frío y calor, porque todas las sensaciones que dan los sentidos - se admite modernamente - son la captación de vibraciones a niveles cuánticos.

Todas estas características hacen que el ojo tienda a desplazar, acercar, o alejar objetos creando ilusiones ópticas y aún a crear objetos inexistentes (alucinaciones), salvo en la imaginación. Esta dificultad ya había sido prevista por el filósofo Ludwing Wittgenstein en sus planteamientos sobre el efecto del lenguaje en el conocimiento. Debido a que hay mucha discusión teórica sobre la materia, que se aleja del contenido de esta obra solo hacemos una referencia al tema, sin adentrarnos en el, pero- a no dudarlo- es asunto de enorme interés e importancia para conocer el objeto de nuestras inquietudes: el Universo, como lo conocemos y porque razón lo conocemos y aun mas allá: porque no es dado conocerlo a trancos (evolución) y no de una sola vez . Y aunque en las Sagradas Escrituras existe una explicación sencilla en torno al “Árbol del Bien y del Mal, del Conocimiento de Dios o de la Ausencia de Dios, por parte del ser humano, no incursionaremos en el tema.

El desarrollo de la observación astronómica (que ha permitido la aparición de cosmogonías naturales y el desarrollo de la cosmología científica ) es una resultante debida exclusivamente al uso de la visión sin artificios primero y ampliada luego , fenómeno que puede resumirse así:
a) albores de la humanidad hasta 1609 observación a simple vista con una magnificación de 1;
b) 1609 invención del telescopio por Galileo, que le permite llegar a magnificar lo observado de 1 a 20;
c) a partir de esa prueba los telescopios son mejorados más y más hasta 1950 que marca el inicio de la radioastronomía;
d) a partir de 1970 se inicia la astronomía extraterrestre. La combinación de muchas técnicas de observación con adelantos tecnológicos y uso de ordenadores electrónicos permiten capturar imágenes en los confines del Universo (un poco más de 10.000 millones de años, en cada uno de los extremos de una esfera hipotética), con la capacidad instrumental de capturar fotones aislados, de incluso 1 en 1;
e) la información que nos llega desde afuera en forma de fotones es prácticamente absorbida por la atmósfera terrestre y no llegan al suelo; por eso ha sido necesario ir abriendo otras ventanas para la observación visual del espectro por ejemplo: 1963 rayos X; 1965 infrarrojo; 1968 ultravioleta; 1972 gamma; 1973 su milimétrica; 1975 ultravioleta extremo;
f) como la observación visual no es ya suficiente, en las últimas tres décadas han hecho su aparición nuevas técnicas de captura y medición de fenómenos como los rayos cósmicos y las ondas gravitacionales, por ejemplo y se sigue trabajando arduamente para mejorar de manera fiel nuestra visión ampliada que se ha extendido a todo el espectro visible y no visible, de manera que ahora es usual poder observar-por ejemplo- galaxias enteras en distintos sectores del espectro y uno puede darse cuenta de cómo cambia sensiblemente la “realidad “ según sea el espectro capturado.


8.- Teoría de la Información.- El tema de por cuales razones conocemos y coo conocemos no es asunto que se debata arduamente en nuestras academias, ya lo habían hecho pensadores del pasado. Pero sin incursionar en el asunto que es harto complejo, nos basta señalarlo dentro de las concepciones contemporáneas:
a) Hay quienes sostienen que la realidad como tal no existe, lo que existe es “una información” que es lo que capta la mente sobre la verdadera esencia de lo real y que lo que el ser humano denomina "realidad" es tan solo una “recreación” de la mente humana dictada por las limitaciones del cerebro. Otros señalan que es tal información siempre ha estado en espera de tecnologías que permitieran estudiarla empíricamente, para conformar teorías que llevan - poco a poco - al desciframiento del Universo. Hay quienes sostienen que la forma de aprehender el Universo - y mejor aún su significado - solo es factible mediante el lenguaje estructurado por la matemática, para lo cual la mente apoyada en el cerebro tiene intrínsecamente definida su función de conocer, porque el inconsciente está estructurado - justamente - como un lenguaje, de lo que se derivan estas situaciones:

a) Las nociones de distancia, dirección, posición, tamaño, forma, color, que nutren la base empírica del conocimiento físico se constituyen en el cerebro a base de datos perceptivos que para algunas escuelas filosóficas son innatos y para otras son adquiridos. Lo que interesa por ahora, es recalcar que independientemente del fuerte debate académico sobre formas del conocimiento, lo importante es que las imágenes cerebrales que llegan por vías diferentes, cada una trayendo su porción de percepción, luego se juntan para dar imágenes coherentes y se convierten en ideas o conceptos.
b) La ciencia aún debate como de la percepción fragmentada se pasa a la percepción integrada y hay dos respuestas: bien por conexiones internas que juntan la información en un “lugar” o bien por “barridas” periódicas, que juntan la información en “el tiempo”. Estos conceptos mediante la ayuda de la lógica permiten hacer elecciones para finalmente formular juicios que se sintetizan en teorías y en modelos con los cuales se trata de explicar a otros la realidad que se percibe (o que intuye, también, en virtud de la operación de su conciencia) un pensador, en este caso un cosmólogo.
c) Estas teorías son, entonces, una manera de expresar una realidad; no son la realidad - obviamente - pero sin teorías la realidad no es accesible, porque tan solo existiría la arbitrariedad en el conocimiento y, como producto de ese conocimiento, el científico traduce sus teorías bien a lenguaje matemático o a modelos físicos (reales o imaginarios) con los cuales comunica sus hallazgos.
d) Por medio de los sentidos naturales o ampliados (gracias a la tecnología) llegan colores, olores, movimientos, sensaciones, sonidos, todos canalizados cada uno por sus propias vías especializadas. Sin embargo las percepciones parciales, fragmentarias luego se unen para dar una percepción única, coherente, bien de acuerdo con:
e) la teoría de la "conectividad espacial" que dice que cada percepción se va transmitiendo por todo el sistema nervioso (que intervenga) de neurona a neurona hasta dar una imagen final cohesionada o integrada (en el cerebro);
f) o bien de acuerdo con la teoría "electro - cuántica", que establece que las percepciones parciales envían - al Universo - señales al cerebro (al núcleo del hipotálamo) en donde se agrupan cada cierto tiempo (una decena de milesegundos) por medio de un “barrido” (tipo radar) que permite capturar las imágenes integradas.
g) En ambas teorías la capacidad de percepción está relacionada con particularidades de cada persona y de cada cultura (en diversos estados de evolución). El movimiento se asocia a la capacidad de cada cerebro para ordenar la reflexión sobre la realidad circundante (y la realidad que se piensa a si misma) es decir la auto - reflexión; todo lo cual es el resultado de la interacción en el tiempo (según la segunda teoría) de cargas y descargas eléctricas en el espacio (según la primera teoría) y cuyo ciclaje determina la frecuencia, forma y cantidad de conocimiento que llega al cerebro y se almacena en él. En ambas teorías la propiedad más elevada del cerebro: la consciencia es el resultado de interacciones termoeléctricas que se producen entre la corteza cerebral y el tálamo.

Ahora bien, lo que es objeto de fuerte controversia es por qué razón la apariencia de lo que se observa - así como los juicios que emitimos sobre tal apariencia - comienza a partir de ciertas características elementales (moléculas, átomos, subpartículas atómicas, quarks ...). En realidad no sabemos como conocemos ni por qué conocemos tan solo parcelas de la realidad.

Otras teorías más especulativas buscan semejanzas con el comportamiento holográfico (estático), o más propiamente holo- movimiento (dinámico) de la realidad (tanto en su forma de materia como de energías de diversa naturaleza) interactuando con el cerebro. Estas teorías le asignan al cerebro la función de captura e interpretación del holo- movimiento. Más recientemente la teoría de la información - que implica el paso de un dominio medible por la física clásica a un dominio de la física cuántica, ubica el conocimiento como el resultado del intercambio en esos “saltos de onda”, que no requieren de espacio ni de tiempo para producirse; no pueden por tanto, ser determinados y tan solo representan" probabilidades estadísticas “.

9.- Formulación Matemática .- El avance en la elaboración de modelos cosmológicos ha sido posible solo en razón del uso del lenguaje matemático para racionalizar conceptos y homologar criterios; pero las matemáticas han sido por sí mismas, una de las grandes fuentes de problemas filosóficos tanto en sus aspectos de definir lo conocido mediante las geometría, como de expresarla mediante números de toda naturaleza.
No vamos a hurgar en las concepciones matemáticas y geométricas previas a las sistematizaciones por parte de los griegos porque nos perderíamos por los meandros de lo escasamente conocido y porque en Occidente, otras formulaciones sobre la materia no han formado parte del conocimiento científico sistematizado, sino que han sido vistas como rarezas o peculiaridades culturales ( que evidentemente, hoy día se conoce no lo son).
Para los griegos, las matemáticas eran preeminentemente geometría; y si se estudia geometría desde el principio surgen interrogantes. Por ejemplo, Euclides define un punto como “lo que no tiene partes”; pero ¿cómo debe entenderse esto? ¿No es imposible que haya algo sin partes? Y si existiesen tales cosas, ¿podríamos verlas o conocer algo acerca de ellas?

a) Expresa el matemático ruso-norteamericano Anatoly Rapaport que: “ ….con frecuencia se ha considerado la geometría euclidiana como una descripción real del mundo físico; pero parece difícil creer que el mundo pueda estar hecho de puntos, pues si los puntos no tienen extensión, entonces ni siquiera un número infinito de puntos son suficientes para hacer un volumen espacial ".
b) Entonces, ¿los puntos son solo ideas en la mente? ¿Son ficciones con las que nos engañamos a nosotros mismos? ¿O son cosas reales, pero de una especie inobservable? En un caso o en otro, ¿por qué los principios geométricos pueden ser aplicados al mundo por los astrónomos? Aquí hay varios problemas relacionados: el problema del significado de la terminología geométrica; el problemas de si los principios de la geometría pueden ser ciertos, el problema de cómo alcanzar, si es que se puede, el conocimiento en el campo de la geometría; el problema de por qué la geometría se aplica al mundo observable.
c) El nacimiento de las geometrías no euclidianas complica más el panorama. Si son matemáticamente legítimas las geometrías que contienen leyes lógicamente incompatibles con las leyes de la geometría euclidiana, ¿qué ha pasado con la noción de verdad matemática? Cuando una ley es incompatible con otra, las dos no pueden ser verdaderas; o es que ¿a los matemáticos no les importa la verdad?; o es que sus conceptos de verdad son abstracciones que no requieren ser compatibles con lo que el ser humano cree - erróneamente - que es real? Es difícil ver cómo el estudio de la geometría pueda tener algún significado a menos que suponga la persecución de la verdad acerca del espacio.
d) También con respecto a las matemáticas del número, surgen una variedad de cuestiones semejantes, relativas al significado de los términos empleados. Por lo tanto, la posibilidad de alcanzar la verdad -y de hecho, aun si la verdad se busca en esta parte de las matemáticas- hay problemas acerca de la clase de conocimiento de que se trata, si es que se trata de alguno, y problemas sobre el por qué las leyes del número se aplican a la realidad. En relación con las matemáticas del número, se plantea también un problema posterior y un tanto diferente: el problema de la existencia matemática.
e) La afirmación de la existencia de entes matemáticos ¿debe entenderse en un sentido totalmente literal o debe entenderse del todo figurativamente? Estos son problemas filosóficos, pues tienen que ver con muchas cuestiones básicas generales de lo que se entienda acerca del significado, verdad, realidad y conocimiento. Quizá la mayor parte de las perplejidades que acarrean las matemáticas surgen de incomprensiones de una clase o de otra; pero de todas maneras, estos problemas son un asunto intelectual serio, y estos problemas merecen ser examinados y resueltos: a la luz del funcionamiento de la mente, porque la elaboración de modelos físicos y matemáticos, lleva - de inmediato - a colocar el problema entre lo que sería el conocimiento a priori y lo que sería el conocimiento empírico (o a posteriori).
f) La matemática se ha ido complicando desde hace muchos años, en las diversas explicaciones que dan escuelas contrapuestas a la forma en que se llega al conocimiento, mediante la deducción o la inducción, lo que también lleva a plantearse el problema de la lógica. Y muy concretamente en la cosmología, a la fecha no es posible definir si los modelos se construyen como resultado de un conocimiento a priori y empírico, o de un conocimiento analítico y sintético, y la verdad es que en la cosmología moderna no es fácil discernir la frontera entre ambos campos.

De allí que los esfuerzos de los filósofos de la ciencia se encuentren dirigidos hacia la necesidad de que los cosmólogos trabajen sobre axiomatizaciones previas, para evitar la profusión de términos que se acuñan con facilidad, pero con total liberalidad semántica. El problema es que si bien la axiomatización es necesaria para el científico, con o sin ella , el lego se pierde porque no suele comprender el lenguaje matemático, que - cada vez más - es la forma de expresar los modelos que construyen los cosmólogos.

Y tocante al tema es necesario tomar nota de que durante las dos últimas dos décadas la cosmología se ha llenado de ideas tan abstractas y difíciles de comprender por las personas no conocedoras de física y matemática ,que incluso-así lo expresan en sus comunicaciones científicas los astrónomos observaciones y experimentales y los cosmólogos más prudentes, el tema de la cosmología se ha convertido en una especulación cosmogónica que solo entienden quienes formulan las hipótesis.

10.-Trascendencia - Inmanencia.- Algunos afirman que en el proceso de evolución que engloba al Universo y a todos sus constituyentes de diversa naturaleza, el ser humano incluido es -por definición- una realidad trascendente a la propia inmanencia de sus constituyentes, materiales y energéticos toda vez que es algo más que el acto de comer, o la preocupación por hacer dinero, o la necesidad de cumplir con actos biológicos voluntarios, o la necesidad de interrelacionarse con otros seres humanos, o de usufructuar de la naturaleza que le circunda, o bien de meditar sobre su propio ser; o de meditar el ser de su propio ser; de lo que se siguen estas consecuencias:
a) En realidad el ser humano es capaz de trascender cualquier definición o marco en que se le desee colocar y clasificar, siendo por tanto - y siempre dentro de la definición - una pura posibilidad de ser y por lo tanto, por mucho que reflexione, conoce (sea por intuición o por lógica o por meditación sobre la propia esencia de su ser) que esa trascendencia parece sobrepasarle, esto es, no se arraiga en su materia sino que está fuera de ésta.
b) Tal trascendencia se arraiga en última instancia en lo que usualmente se llama “espíritu”, a falta de una definición más concreta. Tal trascendencia, entonces, plantea un problema y es que su razón de ser y los actos de su vida que obedecen a esa razón de ser no son meramente inmanentes, es decir, arraigados en su materia, sino también arraigados en su espíritu, lo que le traslada a la esfera de lo transcendente.
c) O bien (para otros, colocados en una óptica reduccionista, fisicalista) el ser humano es apenas una máquina pensante, con un nivel de eficiencia limitado (acotado), esclavo de su materia constitutiva, que se renueva día a día, al punto que los átomos con que nace no son - ciertamente - los que le acompañan durante su vida, mucho menos en su muerte. El ser humano, desde esta perspectiva fuertemente materialista, no es trascendente, es, apenas inmanente; pero además su inmanencia no permanece, es apenas transitoria.
d) Ahora bien, lo paradójico es que el ser humano (denominación genérica y neutra para no caer en el formulismo “el hombre”, que ahora se trata de sustituir por la solución de género anglosajona: “el/ella”) puede buscar o no una salida a la aparente paradoja de su inminencia - trascendencia; pero - sin quererlo - cuando aborda los temas del Universo, lo desee o no, se ve involucrado en esa discusión, más allá del más rancio materialismo.
e) En efecto, colocado el ser humano ante la disyuntiva de explicar el Universo puede - a priori - utilizar un método inductivo de honda raíz material, que en la filosofía ha quedado consagrada en la frase: ¡Pienso, luego existo! Tal frase inmanente por cualquier lado que se le examine puede también replantearse desde la perspectiva opuesta, aplicando el método deductivo, de claro linaje trascendentalista, que postula que la naturaleza toda es el resultado de la acción divina o sobrenatural, en que lo inmanente es solo un fenómeno por medio del cual se hace presente al ser humano lo trascendente (de paso el problema lleva a otros planteamientos que matizan la discusión desde la posición monista o desde la posición dualista).
f) En la búsqueda de conocimiento y explicación del Universo - en su conjunto o en cada una de sus partes - la humanidad ha oscilado de un polo a otro. Así hay periodos en que domina lo inmanente para colocarse en sitial de honor: en esta explicación el Universo es el resultado del azar puro y simple. O bien la manifestación de la Realidad Ultima (Dios, lo Absoluto). Según sea la definición previa por la que opte quien indaga sobre el Universo, entonces se plantea - además - el problema de la ética, ya que en la búsqueda del conocimiento la verdad se asentará -a priori- en una ética basada en lo inmanente (cientifismo materialista) o bien en lo trascendente (filosofismo y teologismo).
g) Y en este camino pueden darse muchas variantes, pero en última instancia dos posibilidades metodológicas: se parte desde el inicio de un concepto sobrenatural (en cuyo caso se abraza el dogma) o se trata de evitar como punto de arranque toda medición de lo trascendente (en cuyo caso se asienta en el materialismo).

La Cosmología tiene por tanto -como ninguna otra disciplina -que lidiar con el problema del “inicio”, y esto le obliga a enfrentar de plano, aunque no aparezca en las ecuaciones matemáticas, ni en las definiciones físicas, una trama de fondo que se mezcla con las coordenadas espacio - tiempo y serían las coordenadas abstractas o espiritualistas: inmanencia - trascendencia del ser humano, e indefectiblemente el problema de si existe un Dios creador o no, responsable y causa primaria de su existencia.

Ahora bien, esta segunda trama no es tan solo filosófica, ni tampoco de orden existencial, porque tiene muy hondas repercusiones en la elaboración de modelos explicativos del Universo, sea que sus autores lo admitan a priori, (lo que no es usual en nuestra época), o porque lo traten de dejar de lado, que es la postura oficial en la elaboración científica.

Pero dejar de lado el tema si bien resuelve una postura científica no resuelve ni mucho menos el problema, de allí los intentos - todos fallidos, al menos por ahora, - de buscar una conciliación entre la fe (que se asienta en el dogma que no requiere - necesariamente - explicación) y la ciencia (que se fundamenta en la lógica y las pruebas racionales que la sostengan) y por lo tanto acarrea la presencia, fácilmente detectable en los modelos, de artificios físico - matemáticos para no abordar la espinosa cuestión.

11.-Origen del símbolo Dios.- La evolución del cerebro humano ha permitido a la ciencia plantear la hipótesis que el hombre tuvo en sus primeros estadios visiones del Universo puramente cosmogónicas (que aquietarían su inseguridad intrínseca frente a una Naturaleza de suyo agresiva) y que luego al irse aclarando el panorama y lograr cambiar sus entornos vitales, el ser humano - más agresivo intelectualmente - va perfilando explicaciones más abstractas, entre ellas el concepto de Dios:
a) Los arqueólogos y los antropólogos suelen afirmar que las primeras manifestaciones religiosas muestran un substrato común universal que une el culto a la “Madre Tierra”, con la aparición regular de la Luna y el Sol, y por tanto, el entendimiento del Cosmos conocido tiene una estrecha relación con la práctica religiosa, lo que - a su vez - permite entender porque el problema del origen del Universo no se puede plantear desde una posición estrictamente científica dado que hay un fuerte trasfondo biológico - psíquico - cultural que lo rodea.
b) Aunque es una hipótesis muy debatida de cuándo se produce la unificación cerebral (que es un proceso que aún no ha terminado), de este debate surge la duda de cuando nace la cosmología; y por tanto es difícil afirmar actualmente que la astronomía y la cosmología resultante sean tan sólo el resultado de la “curiosidad del hombre acerca de las estrellas”, como por salir del paso se suele afirmar. Ya que más bien habría necesidad de pensar si no existe una relación causal entre el mandato cerebral de que había una relación intrínseca, directa, biológica con la naturaleza (Tierra) y una especie de “intuición” de que lo circulante (El Cielo) influía en la relación Hombre - Tierra.
c) Esta simbiosis vitalista mezclará vida, magia, religión y conocimiento (ciencia) incipiente en la astrología, como precursora de la astronomía o más correctamente entre astrología y las explicaciones cosmogónicas; que luego devienen en conocimientos cosmológicos mezclados de tal manera que no fue sino hasta las dos últimas décadas del siglo XX, con la unión de los postulados de la física relativista y la física cuántica (más recientemente con las pruebas empíricas de la validez de la Teoría del Big Bang efectuadas por el satélite COBE en junio de 1992), que se empieza a conceptuar la cosmología como una disciplina científica empírica.
d) De igual manera, aunque para algunos parezca una blasfemia y a otros un desatino, el conocimiento acerca de la existencia de Dios puede ser buscado desde diferentes perspectivas. Particularmente interesante (aunque no por ello verdad absoluta) es la aproximación desde el ángulo psicológico. La secuencia de la advertencia - primero - y de la fijación - luego - del concepto de Dios, pasaría por pasos. Todos los esfuerzos por encontrar soluciones metódicas, sistematizadas y racionales a los diversos problemas de la vida se encuentran precedidos por intentos especulativos en los que juegan un papel importante lo afectivo y la imaginación. La captación del “sentido de la vida”, esto es, la razón - si es que es posible alcanzarla- de por qué y para qué estamos en el Universo lleva implícita la búsqueda de una respuesta interna que, al reflejarse en el pensamiento, explora varios métodos de conocimiento: magia, mito, religión, arte, filosofía, ciencia, cada uno con sus alcances y limitaciones propios.
e) Pero - independientemente de esos métodos - hay, en el fondo de todos ellos algo que los une: la motivación que subyace en todos esos intentos por el conocimiento. Esa motivación puede ser clasificada en dos categorías: la primera, de carácter reflejo, automático, instintivo, compartida (con más o menos intensidad) en todos los seres vivos: sería la motivación inconsciente; la segunda observable y medible solo en los seres humanos por medio del pensamiento, la voluntad, los sentimientos: sería la motivación consciente.
f) Una observación más detenida, sin embargo, permite observar que ambas categorías no agotan la motivación, porque el choque del ser humano con la vida hace surgir de su Inconsciente y su consciente una vía deformada, patológica, relativa: el Subconsciente. Si bien en los planteamientos del psicólogo Edmund Freud (luego continuados, desde otra perspectiva por su discípulo Carl G. Jung): el concepto de Dios es el resultado de la acción del subconsciente deformado, parece limitado y absurdo hacer descansar el sentido de la vida y de su causa inicial: Dios en la simple explicación del complejo de Edipo y por ello, en lo malsano, en lo patológico, en lo reactivo, en lo negativo y totalmente materialista.

En la búsqueda dentro de la psicología de una explicación no patológica el psicólogo francés Paul Diel hace un aporte al definir una nueva categoría de acción motivacional opuesta a lo subconsciente; sublimadora, positiva, moral y por lo tanto espiritualizada que la llamó el "Superconsciente". Para este autor, los seres humanos no pueden vivir ni constituirse en comunidades culturales sin tratar de hacer especulaciones sobre el sentido de la vida, que en las épocas primitivas gozaban imágenes individuales y que al ser socializadas dieron origen a los símbolos, entre ellos Dios, concepto supremo común a todas las culturas.
Para Diel: detrás de la fachada simbólica los mitos primitivos tienen un sentido oculto, de manera que, al igual que durante el sueño las solicitaciones inconscientes - subconscientes reflejan la verdad sobre el estado desordenado de los deseos de una persona en busca de su armonía interna; el ensueño Superconsciente y colectivo (el mito), tiene como sentido oculto la búsqueda de la “armonía colectiva”, o sea el símbolo Dios. En consecuencia la naturaleza del ser humano tiene implícita una motivación justa, sublime, moral, espiritual, trascendente, como producción suprema del Superconsciente: a la creación interna del símbolo Dios, y su consecuencia más importante: atribuirle ser el autor de todo lo creado; con lo cual el ciclo queda cerrado”.

12.-El Misterio de Dios.- El hecho que la mente humana tenga la capacidad de pensar a Dios como creador no significa - necesariamente - que este ser simbólico exista realmente, y en esa línea se han empeñado grandes esfuerzos para atribuir todo lo existente a una hipotética fuerza o mezcla de ellas: el azar, la necesidad, lo accidental, la evolución espontánea de la materia:

a) El materialismo moderno, apoyándose en planteamientos filosóficos y en ideologías, hoy superadas; o en errores religiosos aún prevalecientes; o bien en una fe ciega en el azar como explicación omnisciente estableció “verdades científicas” que han resultado ser cada vez más débiles de sostener por las pruebas irrefutables de los grandes números que subyacen detrás de la genética, la biología, la astronomía, la física cuántica y la cosmología, que revelan que la altísima especifidad de las variables que originan la existencia física , la expresión biológica variadísima y la inteligencia en el Universo conocido no pueden ser explicadas como simples accidentes y que aún el vacío tiene vida y el caos obedece a leyes.

b) La verdad no siempre bien buscada y tampoco fácil de encontrar, es sin embargo, inherente al alma humana desde su origen y lo que cambia, para evolucionar, es únicamente su planteamiento a medida que se supera el umbral de lo inconsciente, se fortalece el consciente y así del mito ingenuo antiguo a la formulación científica moderna hay un hilo de continuidad que subyace más allá del materialismo para espiritualizarse en esa búsqueda continua del sentido de la vida, de lo que conocemos muchas de las características de lo inmanente, pero intuimos - sin saber aún como expresarlo o definirlo que esa inmanencia (o bien toda o solo parte de ella), raíces de pasado y sus aspiraciones de futuro, en lo trascendente, que denominamos Dios y al que le atribuimos ser el Creador del Universo.

c) Si en la mente existen o no cuatro categorías: lo inconsciente, lo consciente, lo subconsciente, lo Superconsciente, (por darles un nombre funcional), no lo sabemos, porque además estas formulaciones son - como toda obra humana - hipótesis vertidas en modelos; pero lo que si puede afirmarse es que es preferible creer que la búsqueda de la verdad no es una propiedad adquirida por accidente por la materia, sino obra todavía no acabada del espíritu (lo trascendente) que anima la evolución sin que ello implique tomar a priori la finalidad teleológica como único mecanismo evolutivo.

d) Por otra parte es factible y validero señalar (para quien desee hacerlo) que la verdad acerca del concepto o símbolo Dios, es una ficción de la mente o que la cualidad de Creador no le pertenece porque ésta es obra del mero azar. Sin embargo estos serían juicios de valor y no verdades demostradas y lo importante es que - pese a tales juicios de valor el Universo existe y su origen es anterior a las mentes que se refieren a él y seguirá existiendo en lo futuro, aunque esas mente humanas ya hayan calculado que no estarán ahí para atestiguarlo.

e) Una trascendencia anterior a la materia y una trascendencia futura de ésta son, por lo tanto, para una mente abierta, una demostración de fe en la existencia de lo trascendente a la mente (materia evolucionada): Dios - Creador. ¿Por qué razón todo esto se encuentra envuelto en un velo de misterio?; ¿Por qué la verdad sobre Dios si ha sido revelada debe pasar por períodos: animismo, paganismo, divinidades múltiples, Dios único, que aún subsisten?; ¿Por qué parte del misterio de Dios es estar fuera del tiempo, del espacio y de todo fin?; Ninguna creencia, ninguna explicación han sido nunca capaz de encontrar una solución en el pasado y en el presente. A futuro: tampoco lo sabemos; como igualmente desconocemos por qué razón ha de ser así. Es parte del misterio que envuelve nuestra existencia. Pero si el simbolismo metafísico permanece en el misterio, de este dimana la moral y esto es - de por sí - una excelente pista.

f) El comportamiento moral no significa otra cosa que tratar de vivir aprendiendo lo existente, amarlo, reverenciarlo, agradecerlo, comprenderlo, defenderlo, preservarlo, porque todo parece indicar que aunque existan otros planetas habitables y en ellos seres inferiores, iguales o superiores a nosotros, nuestra misión es independientemente de tales congéneres hipotéticos usar de nuestros dones para gozar del Universo, aunque sea tan sólo de la pequeñísima fracción que conocemos, y aunque sea en medio de tanto sufrimiento e incomprensión que hemos generado con nosotros mismos, con nuestro prójimo y con la Naturaleza.

g) No sabemos casi nada acerca de Dios, pero - de seguro - que podemos aportar a ganar que nuestro papel en el Universo pasa -necesariamente- por un comportamiento moral, lo que significa vivir asumiendo la responsabilidad de vibrar en la armonía de la creación. Y si tal hacemos dejan de tener importancia las preguntas sobre la ausencia, el papel y el misterio de Dios, porque como señala el rabino de Caracas, Pynchas Brenner: " La respuesta no es intelectiva -al menos en el estadio de desarrollo actual-, sino vivencial"; puesto que el mandato emana no de la consciencia que se enreda en razones y elucubraciones racionales intelectuales, sino que está sembrada - desde siempre - en la materia que primero era radiación energética, luego materia elemental que evoluciona, se torna en mente, tiene un mandato Superconsciente y es trascendente.

h) Modernamente el misterio de Dios puede abordarse racionalmente desde la filosofía o intentarse desde la ciencia, con resultados inútiles en ambos esfuerzos, o bien desde una perspectiva que -por cercana- es desconcertante: desde el punto de vista de la fraternidad, de la solidaridad, en fin del Amor humano, y allí se inserta el concepto de Dios-Hombre y por tanto de Cristo. ¿y quién es entonces Cristo en esta perspectiva?

i) Para el creyente, Cristo es la idea que Dios-Padre tiene de sí mismo y a esa convicción se llega (como Pablo Tarso en su momento) -no por la abstracción, sino por lo real- concreto. ¿Hay algo más concreto que la persona de Cristo, o de Cristo encarnado en el Jesús histórico? Cristo como reflejo del Padre es a su vez: Logos (esto es sabiduría), Palabras, Verdad, Conocimiento, Pensamiento, Información, Poder, Vida; en donde “imagen” y “semejanza” se refieren no a lo externo, sino a la interioridad, a la esencia misma del Arquetipo del ser humano que el Dios-Hombre encarna..

j) Sin embargo el misterio de Dios se complica aún más cuando en cosmogonía teológica ortodoxa la creación se asocia a Dios-Padre; no a Dios-Hijo (Jesucristo); no así en la concepción Theilhardiana en que el concepto tiempo: “antes” o Alfa y “después” u Omega, son dos polos de un solo concepto que se difusionan, se entrelazan y se confunden al punto de privilegiarse el concepto Omega. Así, al privilegiarse el punto final u Omega, el papel de Dios creador es tan importante al inicio, como al final y Cristo "reanima" la creación, con lo cual adquiere una función protagónica como la del Padre .

Por las breves reflexiones anteriores quedan como constataciones evidentes que la cosmología es una disciplina con muchas aristas, que debe abordarse con cuidado no únicamente desde una perspectiva materialista, reduccionista, fisicalista, sino desde una posición de globalidad cognoscitiva. Ahora bien, en cuanto a las elaboraciones cosmogónicas, por su génesis y finalidad parten de una amplia libertad metodológico-instrumental, por lo que su formulación se ubica en otro ámbito del conocimiento .

Aunque como queda advertido esta obra ahonda en la cosmología , en uno de los últimos capítulos dedicado a presentar concepciones cosmogónicas, el lector podrá apreciar con ejemplos concretos la diferencia entre el quehacer científico-cosmológico y las aventuras humanas cosmogónicas, para permitirle comprender el profundo pensamiento einsteniano según el cual sin la ciencia la religión cojea de un pie y sin el aporte de la fe, la ciencia ve con un solo ojo.

CONSECUENCIAS EPISTEMOLÓGICAS.- Si en alguna disciplina o actividad humana es menester una epistemología renovada (esto es una nueva forma de entender como se elabora el conocimiento), es precisamente en el campo de la cosmología; dado que tal actividad cognoscitiva requiere ser descrita en función de imágenes, ideas, esquemas, símbolos u fórmulas, todas de representación mental, no replicables en laboratorios, salvo en parcialidades o mediante simuladores electrónicos.

En efecto, si algo es difícil es justamente descontextualizar esos conocimientos de las “contaminaciones” de la cultura, la religión, la filosofía, la historia, y por lo tanto de las emociones y de las creencias puesto que no es dable hacer separaciones tajantes como plantea la nueva ciencia de la “Psicología del Conocimiento” (Cognotivismo), entre las representaciones mentales que el ser humano se ha hecho del Universo y el contexto en que éstas se formularon en el pasado y aún se siguen planteando.

A lo sumo, con el avance de las aplicaciones tecnológicas de las computadoras, cabe esperar una “descontaminación antropológica” del acto de descripción física del Universo; pero conforme se avance en esa línea, nace - automáticamente - la necesidad de las explicaciones “ad causam” y en esa línea la cultura y la psicología entran de lleno, como lo afirman los psicólogos de las escuelas conductistas. Quizás es en la Cosmología en donde, precisamente y sin desearlo expresamente, se dan la mano estas dos corrientes modernas que explican cómo se produce el acceso al conocimiento del mundo .

Planteadas estas breves disgresiones de introducción, sobre las que se volverá en la segunda parte de la obra, es posible emprender en la primera parte de la obra el periplo en busca de los modelos del Universo, que como velos cada vez más sutiles, van revelando los misterios que no se encuentran celosamente guardados, sino al alcance de la mente que evoluciona y ese, precisamente - repitámoslo con Einstein - , es el único misterio accesible por etapas a la mente humana: que el Universo sea comprensible, y además mediante un proceso cuyo origen y finalidad se desconocen.

En el trasfondo de la segunda parte de esta obra se plantea la necesidad de abrir la mente a nuevos cánones, a entender que se está construyendo un nuevo paradigma, y es en ese contexto que se deben retomar con seriedad nuevas formas de acceder al conocimiento; entre ellas, la llamada “ampliación de conciencia”, pero dentro de coordenadas ni de ilusión romántica, ni de pasión ilusa, sino en una dimensión nueva, acorde con la naturaleza de la experiencia misma.

El enfoque epistemológico que se espera de la Cosmología tiene, sin embargo, dos vertientes problemáticas desde su inicio.

a) La primera que llamaremos intrínseca, se refiere a que el conocimiento sobre el Universo, sobre su esencia misma, según algunas escuelas filosóficas, no es posible hacerlo del todo, toda vez que por mas que el hombre se empeñe en la tarea, tiene limitaciones para “conocer la cosa en sí” (el “noumeno”, lo esencial) y, a lo más podrá describir atributos y condiciones del Cosmos, pero no aprehenderlo en su esencia.

b) La segunda, que llamaremos extrínseca, se refiere al hecho de que los científicos que describen la realidad no solo lo hacen desde posiciones reduccionistas (cada uno parapetado en su disciplina específica), sino que se produce, bajo circunstancias enmarañadas, lo que los historiadores de la ciencia Robert Cease y Charles Maran, describen en la obra “La Segunda Creación”, cuyo título evoca correctamente el quehacer de los físicos contemporáneos: “crear” o “recrear” el Universo, pero no en un contexto beatífico, incorruptible, bondadoso, sino en un mundo plagado de competencia, egoísmo, favoritismos y celos; a tal punto que Einstein decía que a un observador externo un físico podría parecerle, por lo menos: “un oportunista sin escrúpulos”. Pero los físicos - y muy particularmente los cosmólogos no le dan tiempo a los teólogos y filósofos para reír esta ocurrencia, porque como lo hacen tres cosmólogos John Wheeler ,Stephen W. Hawking, por ejemplo, lo menos grosero es tildarles de “profesionales de la ignorancia.

La inmersión en el tema obliga a tener una metodología que facilite la lectura, y sobre todo la comprensión. En esa línea de pensamiento esta obra tiene esta estructura lineal - secuencial: en la primera parte hay una cronología que se ajusta lo más posible al conocimiento de cada época que examina, y entonces permite irse ubicando en los cambios que se van produciendo en los modelos (o retratos) cosmológicos, así como en las repercusiones de estos cambios.

Por tal razón se ha procurado no adelantar nuevas ideas, para permitir al lector acompañar y entender los cambios. Si en la primera parte hay algunas reflexiones estas se encuentran dentro de su propio marco histórico, ni antes ni después, porque reflejan las elucubraciones que sirvieron de contexto a los científicos para elaborar sus ideas.

Como en algunos casos la inclusión de algunas ideas son muy generales, se agregan anexos que permiten ampliar el marco de referencia y ahondar si no en todos los matices que deseara el lector, si aquellos que interesa destacar particularmente al autor. En la segunda parte hay menor sujección a lo cronológico, para elaborar reflexiones que se desprenden de la revisión de la primera parte, y se recurre a los anexos cuando es menester profundizar algún criterio, o comentar algunos criterios contemporáneos de particular interés.

Como autor busco con plena conciencia, a que el lector de un país en donde la adquisición de obras es casi prohibitiva, aproveche el proceso de aprendizaje y de aclaración por la que he debido pasar por muchísimos años para tratar de escudriñar qué somos en este Universo: esa reflexión que vamos a iniciar reducida a lo estrictamente social genera pesimismo y preocupación planetarias, pero ampliada a las maravillas de la Creación, es fuente inagotable de asombro y pasión.

Siendo el tema del Universo realmente grandioso, al entenderlo el ser humano aporta una coautoría consciente y por lo tanto sublime. Pero no nos envanezcamos tontamente como hacen algunos científicos que teniendo la capacidad de entender mejor que los no científicos el Universo (parapetado en sus formulaciones matemáticas) tiene a creer que eso lo hace autor al mismo nivel de la Fuerza ( ¿o del Ser?) que por encima de todo tiene la capacidad autónoma de idearlo y construirlo directamente (como enseña la Religión) o indirectamente( por medio de leyes como supone la ciencia no agnóstica). Y esta afirmación en torno a la arrogancia científica tiene su razón de ser ,porque en las ultimas décadas ha nacido la idea de que ese Ser Superior ( Dios) puede ser destronado recurriendo al “Principio Antrópico” ( Debil o Fuerte, pues hay para ambos gustos) que ha venido a constituirse-entonces- en el Dios de los cosmólogos agnósticos.

Sin embargo ambos: autor y lector podemos preguntarnos: ¿Por qué la labor de reconstruir la historia de su evolución pasa por los vericuetos y laberintos de la debilidad del ser humano. ¿Por qué debe ser así? ¿Será el resultado del libre albedrío?

No lo adelantemos y tratemos de rastrear la verdad en los meandros del despertar de la consciencia humana, que no es otro que el despertar del Universo mismo; porque lo deseemos o no somos la consciencia de la Creación. ¿Y cómo si somos la consciencia de lo creado, teniendo libre albedrío, su uso deja mucho que desear?

O es que la creación no estará al revés: es decir no somos aún imagen y semejanza de Dios (desde el Punto Alfa), sino que vamos por un camino tortuoso y harto complicado, hacia esa concreción en el punto Omega ? Así lo plantea desde el ángulo místico espiritual el jesuita Theilhard de Chardin en 1938 ( ) y también lo reitera con criterios de una objetividad científica rayana en lo grosero el cosmólogo inglés Frank Tippler en 1996.

La búsqueda de toda verdad nos obliga a tratar de develar los velos que la ocultan: a veces estarán en el mito, o en la religión, o en la filosofía, quizá en la literatura, en la ciencia reduccionista o en la mente, o en el lento ascenso evolutivo de la materia y también del espíritu; o en el quehacer humano de toda naturaleza; o bien en las superleyes que gobiernan todo o en el Supremo Hacedor de esas leyes: Dios; o bien en la carencia de leyes, que se van haciendo conforme todo evoluciona. En fin en todo: de modo que, de ser posible, no dejemos nada sin escudriñar.

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